Planificar es ejecutar. Lo dijo Manzur el jueves en el teatro Mercedes Sosa, ante cientos de docentes, parafraseando al economista chileno -y ministro de Salvador Allende- Carlos Tulio Matus. Este autor de varios libros (Estrategia y plan; Planificación de situaciones; Planificación y Gobierno; El líder sin Estado Mayor, entre otros) escribió que lo esencial del gobierno es la acción y lo esencial de la planificación es el cálculo que le precede y preside: entonces planifica quien gobierna y gobierna quien planifica. Planificar es gobernar. En 2006 comenzó un proceso de planificación en la provincia, se diagramaron los “Lineamientos estratégicos para el Desarrollo de Tucumán”. En ese marco, en febrero de 2010, el Ejecutivo presentó su propuesta 2016-2020. Decía que, pese a los logros de la gestión alperovichista, era necesario desplegar nuevas acciones para revertir décadas de frustraciones y condiciones estructurales de injusticia. Se planificaba.

Ese trabajo de 148 páginas apuntaba que se pretendía una provincia productivamente competitiva, industria en expansión, generación de empleo decente, salud para todos, universalidad de la educación, igualdad de género, adecuada infraestructura social básica y preservación del medio ambiente. Interesante, había datos, estadísticas, proyecciones y metas.

Sin embargo, en ninguna parte mencionaba la “inseguridad” como un aspecto a considerar desde el Ejecutivo. Ese concepto, que alude a la principal preocupación de ese entonces y de hoy en el país -además de la inflación, la corrupción y el narcotráfico-, no aparecía en la agenda de prioridades de la gestión, no figuraba en la planificación estratégica para atacarla. Se podía concluir que no había estrategia para enfrentarla porque no aparecía en la planificación.

En una gestión de “compañeros” vale recordar lo que decía el líder del movimiento: el conductor político es un hombre que hace por reflejo lo que el pueblo quiere; él recibe la inspiración del pueblo, él la ejecuta (entrevista a Perón realizada en 1971 por Fernando Pino Solanas). Si no se incorporó a la propuesta un capítulo sobre inseguridad es porque realmente no interesaba su abordaje, pese a la demanda social. Tal vez no se sentían con capacidad para enfrentar este drama social; una verdadera brasa caliente.

Desentendiéndose

En la tarea aparecen mencionadas 118 organizaciones no gubernamentales como participantes del proyecto y 14 áreas del Gobierno. El ministerio de Seguridad Ciudadana brilló por su ausencia. ¿No lo invitaron?, ¿no tenía nada que aportar como para quedarse afuera?, ¿se desentendía del clamor ciudadano? ¿No había una idea, nada para planificar hacia el Bicentenario? Lamentable y tremendo olvido.

¿Alguien dio la orden de no atender esta problemática desde el Estado y de mirar para otro lado en la planificación?

Al margen, y hablando de los 200 años de la independencia que aplaudimos este año: en esos “lineamientos” de 2010 no se aludía a preparativos o festejos por la Declaración de la Independencia. Tampoco aparecía la cultura incorporada a esa iniciativa como elemento fundamental de la vida social; tal como apuntó alguien del riñón del oficialismo añadiendo otro olvido al trabajo.

El proyecto no puede menospreciarse, contó con bastante participación de organismos sociales, interesados en involucrarse en una iniciativa en el origen elogiable. Lo que llama poderosamente la atención, en retrospectiva, es lo que falta; porque denota que el estratega, el conductor, no ponía el acento donde debía. O no se animaba a hacerlo. La puesta en marcha de la planificación como método de gobierno constituye una tarea que requiere no sólo de una gran habilidad técnica y política, sino que también plantea exigencias en términos de calidad humana; dice Matus en “Estrategia y plan” (1972).

Añade que el planificador debe tener una amplia capacidad de análisis para vincular los procesos económicos, sociales y políticos para abordar la formulación de estrategias de desarrollo y conducir con habilidad táctica el proceso de planificación. Hasta se diría que conceptualmente coincide con Perón. Lo único fundamental es ejecutar, por eso es conducción, no concepción; decía el general en “Conducción Política”.

El martes último se relanzó el proyecto “Lineamientos Estratégicos 2016-2020” ampliando su proyección hacia 2025. Ambicioso. Nada más que con nuevo nombre: “El diálogo hacia el Tucumán del desarrollo en equidad”. Esta nueva designación surge a partir de la Ley provincial de Planificación de la Gestión Pública (8.839) promulgada el 29 de diciembre de 2015 que, en uno de sus artículos, apunta que se aspira a garantizar la transparencia en la gestión pública.

La autoridad de aplicación de la norma es la Secretaría de Gestión Pública y Planeamiento que, según el organigrama funcional debe elevar al titular del Poder Ejecutivo las normas, instrumentos, y recursos necesarios, para la implementación de los lineamientos estratégicos, para el desarrollo provincial a mediano y largo plazo.

La intención del Ejecutivo es, nuevamente, abrir otro diálogo social -idea a tono con estos tiempos donde se endiosa el consenso- para fijar metas en conjunto. Y aquí hay que detenerse, otra vez. Cuando en febrero de 2014 se actualizó aquel antiguo trabajo de 2010 tampoco apareció la “inseguridad” en el índice temático; ni siquiera escondida bajo el concepto de “seguridad”, como para aludir a una política gubernamental para garantizar la tranquilidad de la población. Intervinieron 63 áreas gubernamentales (entre ministerios, secretarías, subsecretarías y direcciones) y 73 organizaciones del sector privado. El Ministerio de Seguridad Ciudadana (designación de la anterior gestión) volvía a brillar por su ausencia, cuatro años después. Una vez puede ser olvido; dos, ya no es casualidad.

Se mencionó como ejes organizadores: hacia un Tucumán socialmente justo y equitativo; hacia un Tucumán posible para niños y jóvenes; hacia un Tucumán conectado; hacia un Tucumán productivo; hacia un Tucumán sustentable. Pueden verse en el Portal LED de la página de la provincia (led.tucuman.gob.ar/lineamientos/documentos-led/). Hacia un Tucumán más seguro; nada. ¿Otro olvido? O tal vez el reto era demasiado grande para la conducción política como para incluirlo en el temario. Es este punto, cabe recordar a Matus, que destaca que el conductor debe demostrar capacidad de gobierno. Gobernar, entonces, exige articular constantemente tres variables: proyecto de gobierno, capacidad de gobierno y gobernabilidad del sistema. ¿Demasiado complicado para un gobernador? El chileno decía que gobernar o conducir es algo muy complejo y que no puede reducirse enteramente a una teoría.

Sin embargo, en Tucumán, la inseguridad no aparecía ni teóricamente como inquietud oficial como para abordarla desde una planificación. Fue relegada como problemática a atender desde la gestión. En la actualización del proyecto pensando en 2025 aparece una reunión programado para el viernes próximo donde -por primera vez- se menciona este flagelo social casi de refilón; después del taller de “Ordenamiento del territorio” aparece el de “Seguridad ciudadana”. En simultáneo, añade específicamente la agenda de debate. Por los pasillos de la Casa de Gobierno deambulan algunos con un proyecto de seguridad bajo el brazo que no pueden alcanzárselo al jefe del PE. Hasta esperan el desdoblamiento ministerial entre Gobierno y Seguridad. Otro botón de que la inseguridad sigue fuera de la agenda y de la planificación estratégica.

La iniciativa del Gobierno también debería contemplar otros aspectos de la realidad para encarar una nueva discusión social, atendiendo, por ejemplo, a los indicadores que fijan cuáles son las principales preocupaciones de los argentinos: inseguridad, inflación (economía), corrupción, narcotráfico, falta de trabajo, educación, salud, falta de viviendas. En el último trabajo oficial, se establecieron objetivos vinculados a la salud, a la producción y la tecnología. Las cuatro primeras inquietudes de la población no aparecen reflejadas es la “matriz estratégica”.

La ley 8.839 alude explícitamente a garantizar la transparencia de la gestión gubernamental, pero en esta reapertura del diálogo social para fijarse nuevas metas estratégicas; por ejemplo, no se menciona cómo perfeccionar a los organismos de control para evitar la corrupción política, las posibles desviaciones de los gastos sociales hacia bolsillos extraños, o cómo enfrentar el creciente narcotráfico (un fiscal federal de Santiago del Estero aseguró que Tucumán ya es centro de acopio y distribución de drogas), o cómo enfrentar el flagelo de la droga, o cómo frenar el “paco” entre los jóvenes pobres que prefieren huirle a la vida y juguetear con la muerte.

O planificamos o somos esclavos de las circunstancias; negar la planificación es negar la posibilidad de elegir el futuro, es aceptarlo como sea; dice Matus. Hay estrategias, hay planificación, hay vocación social por apostar a un futuro mejor; sólo falta que se incluyan en la agenda de debate, por parte del Estado, los temas más sensibles para la sociedad. Que también aparezcan en letras de molde. No hay que huirles, hay que enfrentarlos. Y definir estrategias de abordaje.

¿A qué le temen? O bien no le temen y actúan como paraguas protectores de corruptelas sectoriales al excluirlos de los planes de gobierno. La planificación es una herramienta de las luchas permanente que tiene el hombre desde los albores de la humanidad por conquistar grados crecientes de libertad; y sí, lo dijo “el gran planificador”, como calificó Manzur al trasandino. Y no a cualquier precio, tal como parece sugerirse peligrosamente en la ley de Planificación de la Gestión Pública. Es que en el artículo 1 menciona como uno de los objetivos priorizar los resultados por sobre los procedimientos. ¿No suena al maquiavélico el fin justifica los medios? Seguramente no estuvo en el espíritu del legislador tamaño desliz conceptual, pero resulta sugestivo el párrafo.

Curiosidades

En los lineamientos estratégicos para el desarrollo provincial se mencionan varios objetivos algunos que llaman la atención. Se establecen como metas, por ejemplo: reducir la incidencia de la pobreza al 5% en 2020, bajar la incidencia de la indigencia al 0% en 2020, disminuir un 25% para 2020 la prevalencia de consumo de marihuana por cada 100 personas de 16 a 65 años, mantener la tasa de desempleo en valores inferiores al 5% para 2020, reducir la informalidad de la economía al 31% en 2020.

Resulta curioso que los objetivos se fijen para años en los que habrán concluido -tres meses antes- sus mandatos, ya sea en 2020 o en 2025. Y es interesante que como consecuencia de publicarlas, por lo menos en la página led.tucuman.gob.ar/, se podrá juzgar la gestión en función de lo que se diseñó. Si bien se indican los programas a aplicarse en cada “matriz estratégica” para conquistar esos resultados, no se explica detalladamente el cómo. Y aquí cabe mencionar una figura usada por el líder de los peronistas para interpretar este cuestionamiento: conducir no es concebir la marcha, sino realizarla. Por eso es importante la respuesta al cómo

Al margen, al indicar los objetivos en porcentajes, el trabajo del Gobierno da precisiones sobre la situación actual en materia de índices sociales, o por lo menos hasta 2013. Medidos por el Indec, claro. Así por ejemplo, señala respecto de la pobreza -para cuya reducción porcentual alude a la utilización de 67 programas sociales- que en 2003 había un 67,2% de personas bajo la línea de pobreza en Tucumán y que en 2013 esa cifra llegó a un 4,6%. Menos que en Alemania. En cuanto a los indigentes en la provincia, el trabajo apunta que el índice alcanzaba el 0,6% de la población en 2013. Signo de pregunta.

Sobre el desempleo, menciona como último dato el del tercer cuatrimestre y lo ubica en un 5%; mientras que indica que el trabajo en negro llega en esa época al 47,6% de la población. Estos dos últimos corresponden al Gran Tucumán y Tafí Viejo. O sea, el éxito o el fracaso en la consecución de estos objetivos será del estratega y conductor; o sea del gobernador. Manzur tiene una especialización en gestión pública, cree en el trabajo en equipo. Significa que si cambia jugadores en el gabinete no lo hará por razones políticas, sino por cuestiones vinculadas a la planificación del Estado. Bueno, ese puede ser el argumento.